Cuando su confesión lastimo mis oidos
me dije no la escuches no te ahogues en su mar,
yo abrí de par en par las puertas de mi alma
y deje que saliera mi secreto peor
disimulando lo triste y conservando la calma
le dije aunque no creas estoy buscando amor.
Nos rendimos los dos al fingir como tontos
que yo era su marido y que ella era mi mujer
pèro al cabo de un tiempo yo no queria ser su esposo
y ella quiso volver a ser la dama infiel
ahora ella esta feliz volvio con el idiota
yo recorro las calles buscando otra mujer
y aprendi que mentirse tiene patas muy cortas
que siempre la costumbre
va a matar al placer.miércoles, 5 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario